martes, 23 de noviembre de 2010

Blaise Pascal (1623-1662)

Sobre el problema de Dios en Blaise Pascal (1623-1662), ver los siguientes parágrafos según la numeración de Brunschwick. (Ésta es una de las maneras de organizar los pensamientos y numerarlos; pero hay otras maneras de numerarlos. Revisen al inicio del texto cuál es el criterio que siguen para la numeración.)
Parágrafos: 60, 72, 76-78, 233, 242, 277, 282, 346-348, 425, 543.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Vico

Giambattista Vico:

"Reprensión de la metafísica de Renato Descartes, de Benito Espinosa y de Juan Locke"

[El texto original italiano es: «Riprensione delle metafisiche di Renato Delle Carte, di Benedetto Spinosa e di Giovanni Locke» en Opere di G. B. Vico, ed. Fausto Nicolini, 2a ed., 8 vols., Bari, Gius. Laterza & Figli, 1928, 4-2: 198-99. Se trata de un pasaje adicional de la Scienza nuova que forma parte de la sección intitulada «Brani delle redazioni del 1730, 1731 e 1733 circa soppressi o sostanzialmente mutati nelle redazione definitiva», el cual aparece por primera vez vertido al castellano en Cuadernos sobre Vico 5/6, 1995-1996, pp. 4449-450. Trad. de José A. Marín Casanova.]

[1212] De donde si no se comienza por que «Júpiter es un dios para todos» no se puede tener ninguna idea ni de ciencia ni de virtud. Así es fácil rechazar la suposición de Polibio, quien dice que si hubiese filósofos en el mundo ¡no habría necesidad de religiones! Pues la metafísica de los filósofos debe ir de acuerdo con la metafísica de los poetas en este importantísimo punto, que de la idea de una divinidad han provenido todas las ciencias que han enriquecido el mundo con todas las artes de la humanidad: así como esta metafísica vulgar enseñó a los hombres perdidos en el estado bestial a formar el primer pensamiento humano a partir del de Júpiter, también los instruidos no deben admitir nada verdadero en metafísica que no comience por el verdadero Ente, que es Dios.

[1213] Y Renato Descartes lo habría reconocido ciertamente, si lo hubiese advertido en la misma duda a que somete su propio ser. Puesto que, si dudo de si soy o no, dudo de mi ser verdadero, del cual es imposible que vaya en busca, si no hay verdadero Ser, porque es imposible buscar cosa alguna de la que no se tenga ni idea. Pero si dudo de mi ser no dudando del verdadero Ser, el verdadero Ser es realmente distinto de mi ser. Mi ser está limitado por el cuerpo y el tiempo, lo que me produce necesidades: por consiguiente, el verdadero Ente está exento de cuerpo y, así pues, se halla sobre el cuerpo y, por tanto, sobre el tiempo, el cual es medida del cuerpo según el antes y el después o, por mejor decir, es medido por el movimiento del cuerpo. Y, en consecuencia de todo esto, el verdadero Ente es eterno, infinito, libre. Así Renato, como convenía a un buen filósofo, habría comenzado por una idea muy simple, sin mezcla ni composición, como es la de Ente; de ahí que Platón con grave verbo llamara a la metafísica Ontología, «Ciencia del Ente». Pero desconoce el Ente y comienza a conocer las cosas partiendo de la substancia, la cual es idea compuesta de dos cosas: de una que está debajo sosteniendo, de otra que está encima apoyándose.

[1214] Esa manera de filosofar produjo escándalo a Benito Espinosa, hombre sin religión pública y, en consecuencia, rechazado en todas las repúblicas, y que por odio a todas ellas declaró la guerra abierta a todas las religiones. Y no ofreciendo otra cosa que la substancia, siendo ésta o mente o cuerpo, y no limitando el cuerpo [a] la mente ni la mente [a] el cuerpo, estableció por todo ello un Dios de mente infinita en un cuerpo infinito, operante, así pues, por necesidad.

[1215] En contra de Espinosa se situó Juan Locke, el cual con el mismo escándalo que Cartesio adorna la metafísica de Epicuro y pretende que todas las ideas estén en nosotros por suposición siendo proyecciones del cuerpo, viéndose forzado a ofrecer un Dios todo cuerpo, operante al azar. Pero Locke debiera considerar si acaso es por suposición la idea del verdadero Ser, la cual yo me encuentro teniéndola antes que la idea de mi ser, lo que es decir tanto como antes de mi supuesto; la cual, porque lo es del verdadero Ente (siendo del verdadero bien), me conduce a buscar en su Ser el ser mío: así que no me ha venido de mi cuerpo, del cual todavía estoy dudando al dudar de mi ser. Del cuerpo ha nacido el tiempo; y del cuerpo y del tiempo, que se mide con el movimiento del cuerpo (mientras no sea la mente quien regule el movimiento del cuerpo), surge el azar.

[1216] Con tales razones, si no andamos errados, hemos descubierto manifiestamente los paralogismos de las metafísicas que siguen un camino distinto de la platónica. Puesto que la de Aristóteles no es otra que la metafísica de Platón transportada del diálogo al método didascálico, que llamaremos «enseñante»: así como Proclo, gran matemático y filósofo platónico, con un áureo libro llevó los principios físicos de Aristóteles (que son casi los mismos principios metafísicos de Platón) al método geométrico.

Principios de Ciencia nueva, en torno a la naturaleza común de las naciones (3ª edición, 1744).

Esta obra está dividida en 1112 parágrafos, que citamos por su número arábigo.

Principio del historicismo: conocer el orden de la historia es conocer la mente humana, pues el orden del mundo civil es el orden de su creador, el ser humano.

[331] Pero en la densa noche de tinieblas en que se encuentra encubierta la primera y lejanísima antigüedad, aparece esta luz eterna, que no se desvanece, de la siguiente verdad, que de ningún modo puede ponerse en duda: que este mundo civil ha sido hecho ciertamente por los hombres, por lo que se puede y se debe encontrar sus principios dentro de las modificaciones de nuestra mente humana. De ahí que cuantos reflexionen sobre ello deben quedar maravillados de que todos los filósofos intentaran seriamente conseguir la ciencia del mundo natural, del cual, como lo ha hecho Dios, solo él tiene la ciencia; y olvidaran reflexionar sobre este mundo de las naciones o mundo civil, cuya ciencia podían alcanzar los hombres por ser ellos quienes lo han hecho. Efecto extravagante que proviene de aquella miseria de la mente humana, [...] por haber quedado inmersa y enterrada en el cuerpo, por lo que esta inclinada de forma natural a sentir las cosas del cuerpo y a realizar gran esfuerzo y fatiga para comprenderse a sí misma, del mismo modo como el ojo corporal, que ve todos los objetos fuera de si mientras necesita del espejo para verse a sí mismo.

Cierto = conciencia, erudición, conocimiento empírico

[137] Los hombres que no saben la verdad de las cosas procuran atenerse a lo cierto [certo; certum], puesto que, al no poder satisfacer al intelecto con la ciencia, al menos la voluntad descansa sobre la conciencia.

[138] [...] la filología estudia la autoridad del albedrio humano, de donde procede la conciencia de lo cierto.

Verdadero = ciencia, razón, conocimiento filosófico

[138] La filosofía contempla la razón, de donde procede la ciencia de los verdadero [vero; verum]; [...].

Aquellas cosas que tienen la misma naturaleza en tiempos distintos pertenecen a un mismo tiempo

[144] Las ideas uniformes nacidas en pueblos enteros desconocidos entre sí deben tener un motivo común de verdad.

[145] Este axioma constituye un importante motivo que establece que el sentido común del género humano es el criterio enseñado a las naciones por la providencia divina para garantizar la certeza en el derecho natural de las gentes, lo que consiguen al comprender los elementos sustanciales de tal derecho, en los que todas convienen con diversas modificaciones. De ahí surge el diccionario mental, de establecer el origen de todas las diversas lenguas articuladas, con el que se pone en conceptos la historia ideal eterna, que nos da las historias de todas las naciones en el tiempo; diccionario e historia [...].

[147] La naturaleza de las cosas no es sino que nacen en ciertos tiempos y bajo ciertas circunstancias, las cuales siempre que son las mismas, de ellas las mismas y no otras cosas nacen».

[148] Las propiedades inseparables de los sujetos deben ser producidas por las modificaciones o circunstancias; por lo que nos pueden confirmar que es tal y no otra la naturaleza o el nacimiento de esas cosas.

[343] [La ciencia nueva que propone Vico:] [...] mediante el estudio de esa providencia infinita y eterna, encuentra ciertas pruebas divinas con las que se confirma y demuestra. Porque la providencia divina, teniendo por ministro su omnipotencia, debe explicar sus mandatos por vías tan fáciles cuales son las costumbres humanas naturales; por tener por consejera a la sabiduría infinita, todo cuanto dispone debe ser ley; por tener como fin su misma inmensa bondad, cuanto ordena debe ser dirigido a un bien siempre superior al que se hayan propuesto los hombres.

[348] Y a fin de determinar los tiempos y los lugares de esta historia [de las ideas humanas], esto es, cuándo y dónde nacieron los pensamientos humanos y así confirmarlos por medio de sus dos estudios apropiados, por decirlo así, la cronología y la geografía metafísicas, esta ciencia aplica un arte crítica, también metafísica, a los autores de esas mismas naciones, en las que debieron transcurrir bastante más de mil años para que surgiesen los escritores, de los que se ha ocupado hasta ahora la crítica filológica. Y el criterio de que se sirve, por un axioma antes indicado [SN 142], es aquel enseñado por la providencia divina y común a todas las naciones; se trata del sentido común del género humano determinado por la necesaria concordancia de las mismas cosas humanas, que constituye toda la belleza de este mundo civil. Por esto reina en esta ciencia este tipo de pruebas: puestas tales órdenes por la providencia divina, aunque a lo largo de la eternidad nacieran de cuando en cuando mundos infinitos, las cosas de las naciones debieron, deben y deberán ocurrir tal y como son explicadas por esta ciencia; lo que evidentemente es falso de hecho [que existieran mundos infinitos].

[349] Esta ciencia [nueva] describe al mismo tiempo una historia ideal y eterna conforme a la cual transcurren en el tiempo las historias de todas las naciones en sus nacimientos, progresos, equilibrios, decadencias y finales. Así nos anticipamos a afirmar que quien conoce esta ciencia se relata a sí mismo esta historia ideal y eterna, porque —al haber sido este mundo de naciones hecho por los hombres [...] y debiéndose por lo tanto encontrar el modo dentro de las modificaciones de nuestra misma mente humana— mediante la prueba «debió, debe, deberá» él mismo se la hace ya que, cuando se da el caso de quien hace las cosas es el mismo que las cuenta, no puede ser más cierta la historia. Así, esta ciencia procede del mismo modo que la geometría, la cual, mientras construye o medita sobre sus elementos, ella misma produce el mundo de las dimensiones; pero con tanta más realidad cuanto es mayor la realidad de las leyes referentes a las acciones de los hombres que la que tienen los puntos, las líneas, las superficies y las figuras. Y esto mismos constituye el argumento de que tales pruebas son una especie divina y que deben, lector, proporcionarte un divino placer, puesto que en Dios el conocer y el hacer son una misma cosa.

Las tradiciones tienen un elemento público de verdad

[149] Las tradiciones populares deben haber tenido un elemento público de verdad, de ahí que nacieran y se conservaran en pueblos enteros durante largos intervalos de tiempo.

[150] Este será otro importante trabajo de esta ciencia [nueva]: el de encontrar los elementos de verdad que, con el transcurrir de los años y con el cambio de las lenguas y de las costumbres, nos ha llegado recubierta de falsedad.

[333] Observamos que todas las naciones, sean bárbaras o humanas, aunque fundadas de forma diversa por la inmensa distancia en espacio y tiempo entre ellas, cultivaban estas tres costumbres humanas: todas tienen alguna religión, todas celebran matrimonios solemnes y todas entierran a sus muertos; y, por muy salvajes y rudas, no hay nación en la que se celebren acciones humanas con más sofisticadas ceremonias y más consagrada solemnidad que las religiones, los matrimonios y las sepulturas. Lo cual, según el axioma que dice que «ideas uniformes, nacidas entre pueblos desconocidos entre sí, deben tener un principio común de verdad», les debe haber sido dictado a todas ellas: de modo que de estas tres cosas nació la humanidad en todas las naciones, y por ello todas deben custodiarlas santísimamente para que el mundo no recupere su ferocidad y no vuelva a la selva de nuevo. Por eso hemos tomado estas tres costumbres eternas y universales por tres principios de esta ciencia.

La religión se da antes que la legislación y la filosofía

[173] Contamos con dos vestigios de la antigüedad egipcia [...]. De los cuales uno de ellos es que los egipcios reducían el tiempo del mundo transcurrido antes de ellos a tres edades, que fueron: edad de los dioses, edad de los héroes y edad de los hombres. El otro es que a lo largo de estas edades se hablaron tres lenguas, en el orden correspondiente a dichas tres edades, que fueron: la lengua jeroglífica, o sea, sagrada, la lengua simbólica o por semejanza, que es la hebraica, y la epistolar o vulgar de los hombres, mediante signos convenidos para las necesidades cotidianas de su vida.

[177] Donde los pueblos se rigen por las armas, de modo que no tengan en ellos sitio las leyes humanas, el único medio de someterlos es la religión.

[178] Este axioma establece que en el Estado sin ley [ver SN 333-335] la providencia divina puso el principio para que los fieros y violentos se condujeran hacia la humanidad e instauraran las naciones despertando en ellos una idea confusa de la divinidad, que por su ignorancia atribuyeron a algo que no se correspondía; y de esta manera, por el miedo a dicha imaginaria divinidad, comenzaron a comportarse con algún orden.

[180] Los hombres, ignorantes de las causas naturales que producen las cosas, cuando no son capaces de explicarlas aunque sólo sea mediante cosas semejantes, les otorgan su propia naturaleza humana, a la manera que el vulgo, por ejemplo, dice que el imán está enamorado del hierro. [Ver SN 120]

[182] La física de los ignorantes es una metafísica vulgar, mediante la cual ponen a la voluntad de Dios como causa de las cosas que se ignoran, sin considerar los medios de los que la voluntad divina se sirve.

[495] Los primeros autores de la humanidad se atuvieron a una tópica sensible, con la que unían las propiedades, cualidades o relaciones, por decirlo así, concretas de los individuos o de las especies, y formaban con ellas sus géneros poéticos.

[497] Primeramente comenzó a desarrollarse la tópica, que es un arte de regular correctamente la primera operación de nuestra mente [que es conocer], enseñando los aspectos que se deben tener en cuenta para conocer todo cuanto hay en las cosas que se quiere conocer bien o íntegramente.

Providencia divina: tópica antes de la crítica

[498] La providencia estableció adecuadamente el designio de las cosas humanas al promover en las mentes humanas antes la tópica que la crítica, del mismo modo que primero es conocer y después juzgar las cosas. Pues la tópica es la facultad de hacer las mentes ingeniosas, así como la crítica es la de hacerlas rigurosas; y en aquellos primeros tiempos era necesario descubrir todas las cosas necesarias a la vida humana, y el descubrir es propiedad del ingenio. En efecto, cualquiera que reflexione advertirá que no solamente las cosas necesarias para la vida, sino también las útiles, las cómodas, las placenteras e incluso las superfluas del lujo habían sido ya descubiertas en Grecia antes de surgir los filósofos [...]. Sobre ello habíamos propuesto antes un axioma: que «los niños examinan potentemente al imitar» y «la poesía no es más que imitación», y «las artes no son sino imitaciones de la naturaleza, y en consecuencia poesías en cierto modo reales». Así, los primeros pueblos, que fueron los niños del género humano, fundaron primeramente el mundo de las artes; después, los filósofos, que vinieron mucho más tarde, siendo en consecuencia los viejos de las naciones, fundaron el mundo de las ciencias: con lo que la humanidad se completó de hecho.

La legislación (pasiones privadas —> virtudes públicas) es anterior a la filosofía (deber ser)

[131] La filosofía considera al hombre tal como debe ser, y así no puede agradar más que a aquellos pocos que querían vivir en la república de Platón, y no revolcarse en la escoria de Rómulo.

[132] La legislación considera al hombre tal cual es, para hacer un buen uso del mismo en la sociedad humana: como de la ferocidad, de la avaricia y de la ambición, que son los tres vicios que se extienden a través de todo el género humano, se saca la milicia, el comercio y la corte, y de este modo la fortaleza, la opulencia y la sabiduría de las repúblicas; y de estos tres grandes vicios, que con toda seguridad destruirían la generación humana sobre la tierra, se consigue la felicidad civil. [Ver SN 341]

[133] Este axioma prueba la existencia de una providencia divina y que ella sea una mente divina legisladora que, de las pasiones de los hombres, todas ellas dirigidas a su utilidad privada, por las cuales vivirían como bestias fieras en la soledad, ha hecho los órdenes civiles por los que viven en una sociedad humana.

Idas y vueltas en la historia (corsi e ricorsi)

[1096] […] mediante este recurso de las cosas humanas civiles, que se ha razonado en particular en este libro, reflexiónese sobre las confrontaciones que a lo largo de toda esta obra se han hecho en un gran número de materias en torno a los primeros tiempos y últimos de las naciones antiguas y modernas; y se tendrá explicada toda la historia, no ya la particular de una época de las leyes o los hechos de romanos o de griegos, sino que (bajo la identidad sustancial de entender y la diversidad de sus modos de explicarse) se tendrá la historia ideal de las leyes eternas, sobre las cuales transcurren los hechos de todas las naciones, en sus surgimientos, progresos, estados, decadencias y fines, aunque sucediera (lo cual es ciertamente falso) que de tiempo en tiempo nacieran de la eternidad infinitos mundos.

Selección realizada por Dr. Luis Ramos-Alarcón Marcín

Vico, Giambattista: Principios de Ciencia nueva. (Trad. J. M. Bemudo.) Barcelona: Planeta-Da Agostini, 1996.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Hume

David Hume (1711-1776) Teoría de las ideas; crítica a la idea de sustancia, de causalidad y de yo.
HUME, D., Tratado sobre la naturaleza humana. [A Treatise of Human Nature, c. 1739] Madrid: Editora Nacional, 1977
.
Libro I, Primera parte, Secciones 1-6.


Berkeley

George Berkeley (1685-1753)

BERKELEY
, G. Tratado sobre los principios del conocimiento humano. [A treatise concerning the Principles of Human Knowledge, 1710] Trad. de C. Mellizo. Madrid: Alianza Editorial, 1992.

Secciones:
§89: diferencia entre ideas, espíritus y nociones (§27)
§§1-6: Todos los cuerpos son percibidos; sólo hay sustancia pensante; rechazo de la sustancia extensa.
§28: Ideas de la voluntad (voluntad).
§§29-33: Ideas de los sentidos (entendimiento); leyes de la naturaleza.